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viernes, 2 de marzo de 2012

Sunshine

Este es nuestro segundo acercamiento, tras 127 horas, a la filmografía de Danny Boyle, el director británico que saltó a la fama con Trainspotting, la historia de unos drogadictos enganchados al caballo. En realidad es mucho más que eso, no es un alegato contra las drogas cargado de efectismos como es, en mi opinión, Réquiem por un sueño, pero por espacio y tiempo hay que sintetizar y, además, no viene al caso.

En 2007, tuvo su primera toma de contacto con el complejo género de la ciencia ficción (si consideramos como tal sólamente a películas sobre aventuras espaciales y dejamos al margen la película de zombies 28 días después). Se trata de Sunshine, sin duda un film que puede dar mucho que hablar, por sorprendente, tanto para lo bueno como para lo malo. 

La premisa es sencilla, unos astronautas son enviados en una nave espacial con una bomba para reactivar a un sol que, si no lo impiden, se apagará irremediablemente. A partir de ahí, la trama se complica con el desarrollo de unos personajes que, dentro de esa pequeña comunidad que conforman, tendrán sus propias motivaciones e inquietudes que les harán tomar diferentes posturas en función de los cada vez mayores problemas que se les van presentando. De ahí esa complejidad, lineal sin duda, y no porque la historia sea un rompecabezas, ni mucho menos, a la que debe agradecerse el aumento gradual de tensión, con un arranque a la altura del mejor cine de ficción y que se mantiene prácticamente durante todo el nudo de la película. Sin embargo, es en el desenlace donde pierde credibilidad, haciendo que se tambalee el resto de la interesante propuesta. En definitiva, es en la primera hora donde la película muestra su verdadero potencial, bien acompañada de unos actores en su mayoría desconocidos pero que solventan su labor con holgura y unos efectos especiales de un acabado intachable.

sábado, 19 de febrero de 2011

127 horas

Tras triunfar en los oscar de 2008 con Slumdog Millionaire, Danny Boyle retoma la senda del éxito con la nominación de su nueva película, 127 horas. Esta cuenta la historia real de Aron Ralston, un montañista que, en 2003, practicaba senderismo en el cañón Blue John, en Utah, un paraje ídilico para el aventurero más osado, repleto de grutas, piscinas naturales y paredes verticales. En un descuido, Ralston sufrió un desgraciado accidente que le atrapó el brazo derecho bajo una roca. Sólo, sin nadie que supiera de su paradero y sin más pertrechos que  una cámara de vídeo, una cantimplora medio vacía y una navaja, sufriría una pesadilla que duró cinco días.

La dificultad de llevar a cabo una película en la que el protagonista se pasa todo el tiempo atrapado sin poder moverse y, en un intento de no aflojar el ritmo bajo ningún concepto, llevó quizás a Boyle a abusar del uso frecuente de alucinaciones ante la falta de agua y alimentos y de sueños por parte del protagonista, evocando un pasado reciente en el que aparecen sus allegados y personajes ficticios. Una película con una premisa similar, Buried (2010, Rodrigo Cortés), en la que el protagonista, Ryan Reynolds, se encuentra durante todo el metraje atrapado en un ataúd, elude admirablemente la utilización de este recurso. Sin embargo, también es cierto que da muchísimo juego el hecho de que le entierren junto a un teléfono móvil.

Por otro lado, la interpretación de James Franco como el montañista Aron Ralston resulta muy creíble, un actor que había pasado desapercibido para mí en Spiderman (2002, Sam Raimi) y Mi nombre es Harvey Milk (2008, Gus van Sant) y que logra transmitir (también Ryan Reynolds, todo hay que decirlo) la angustia y desesperación que debe sufrir cualquiera al verse en una situación tan límite, al borde de la muerte por inanición y sin posibilidad de escape.
Es, por tanto, una película que logra mantener el pulso narrativo, enganchando al espectador a pesar de ciertas licencias más que discutibles,  y que conecta gracias a uno de sus pilares básicos, la interpretación de  James Franco, logrando al menos hacer honor a la historia de supervivencia del aventurero Aron Ralston.

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