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martes, 4 de diciembre de 2012

Ry Cooder: El Latido del Sur

Podríamos hablar de folk americano y mencionar a grandes hitos como Neil Young, Fred Neil o John Fahey, pero sería un pecado casi imperdonable que en esta hipotética conversación no saliera a colación el nombre de Ry Cooder, un músico que hizo grandes aportaciones a la música americana, no sólo al folk, también al rock y al blues, desde que debutara con Captain Beefhart y colaborara con Taj Mahal o The Seeds en los años sesenta. Y si además hablamos de la cultura musical estadounidense unida al cine el pecado sería aún mayor.

Sin duda, su faceta como compositor de bandas sonoras se hizo conocida gracias a la película París, Texas (1984, Wim Wenders), una road movie ambientada en el desierto tejano en la que sólo su genio y maestría en el slide podían reflejar qué era la arena, el calor y la soledad de un hombre en semejante páramo. Además, el tema principal de la película alcanzó gran popularidad en España gracias al programa de televisión Documentos TV, que utilizó la canción como sintonía de cabecera. 

Pero el sur no sólo es desierto y cáctus, también es pantano, cocodrilos y cajunes, y qué mejor sonido que el de Ry Cooder para ambientar La Presa (1981, Walter Hill), una historia enmarcada en el bayou de Louisiana, en la que Keith Carradine y Powers Boothe se verán acorralados por un grupo de violentos cajunes, y con la que Cooder se convertiría en uno de los compositores favoritos de Walter Hill para expresar ese cine tan personal y americano. Southern Comfort, la canción principal de la película (y nombre original del film), muestra sin tapujos ese sello personal que resultaría premonitorio del éxito de París, Texas.

Mención especial merece su trabajo como productor en otra obra de Wenders, el documental Buena Vista Social Club (1999), toda una demostración de como su música traspasa fronteras, de un gusto y un estilo variado, versátil, que va más allá de la música tradicional estadounidense. En este homenaje al son cubano, disfrutamos de la compañía de músicos de la talla de Compay Segundo, Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer y Rubén González. El resultado, amén del documental, fue la edición de un álbum con la colaboración de Cooder y dos conciertos en Amsterdam y Nueva York, interpretando clásicos como Y tú que has hecho, Dos Gardenias o Chan Chan.

Filmografía Selecta

Performance (1970, Nicolas Roeg)
Forajidos de Leyenda (1980, Walter Hill)
La Presa (1981, Walter Hill)
Calles de Fuego (1984,Walter Hill)
París, Texas (1984, Wim Wenders)
Cocktail (1988, Roger Donaldson)
Johnny Guapo (1989, Walter Hill)
Gerónimo, una Leyenda (1993, Walter Hill)
El Último Hombre (1996, Walter Hill) 
Buena Vista Social Club (1999, Wim Wenders)

domingo, 5 de agosto de 2012

Cantantes y actores

Frank Sinatra
Bruce Willis, Russell Crowe, Jeff Bridges, Ewan McGregor... son actores consagrados que han dado el salto al mundo de la música con un éxito notable, demostrando un repertorio artístico rico y variado, que va más allá de sus cualidades interpretativas. Sin embargo, esta entrada está centrada en los que lo han hecho a la inversa, aquellos cantantes que quisieron probar, algunos con más suerte que otros, cómo son los entresijos del Séptimo Arte y si tenían las mismas tablas interpretando que con un micrófono. Sin duda, el más grande de todos, tanto por su legado musical como cinematográfico, fue Frank Sinatra, La Voz. Protagonizó musicales donde sacó a relucir el infinito dominio que tenía sobre sus cuerdas vocales, como Levando Anclas (George Sidney, 1945) o Un día en Nueva York (Gene Kelly, 1949). Pero donde verdaderamente exhibió su categoría fue en películas donde interpretaba personajes de corte más dramático. En De aquí a la Eternidad (Fred Zinneman, 1953), interpretó al soldado Angelo Maggio, un papel inolvidable y reconocido con un oscar que supo estar a la altura de sus compañeros de reparto, unos monstruos de la interpretación llamados Deborah Kerr, Burt Lancaster y Monty Clift. También protagonizó la película dirigida por Otto Preminger El Hombre del Brazo de Oro (1955), donde dio de vida de manera admirable a un exdrogadicto y excelente jugador de cartas.

Kris Kristofferson
Otro célebre cantante y actor fue Kris Kristofferson. Sus tablas como músico country están fuera de toda duda, con más de veinte discos de estudio y colaboraciones con Johnny Cash, Waylon Jennings y Barbra Streisand. Empezó su carrera cinematográfica casi a la par que la musical, publicando su primer disco en 1970 y, un año después, debutando en la película de Dennis Hopper The Last Movie (1971). Sin duda, la época dorada de Kristofferson fueron los setenta y principios de los ochenta, donde tuvo la oportunidad de trabajar con los mejores directores del momento, como Martin Scorsese (Alicia ya no vive aquí, 1974), Michael Cimino (La Puerta del Cielo, 1980) o Alan J. Pakula (Una mujer de negocios, 1981). Pero fue Sam Peckinpah quien le brindó sus mejores personajes, sobre todo el del mítico forajido Billy the Kid en Pat Garrett y Billy the Kid (1973), donde es acosado por el famoso sheriff que interpreta James Coburn.

También Elvis Presley, Ricky Nelson, David Bowie o incluso Madonna aprovecharon su popularidad para rodar películas pero, exceptuando alguna interpretación más o menos honrosa de Bowie, el resto destacaría más por sacar partido a su renombre y engordar la cuenta corriente que por sus buenas maneras antes las cámaras.

Dean Martin
Por último, no podría hablarse de esta doble faceta cantante/actor sin mencionar a Dean Martin, integrante del famoso Rat Pack junto con Sinatra, Davis Jr. y Lawford. En realidad, Martin era un todoterreno no sólo con una bellísima voz de barítono, sino que sus dotes para el humor también quedaron patentes en los skecthes que protagonizó con Jerry Lewis. Respecto a su filmografía, destacan Como un Torrente (Vincente Minnelli, 1958), Bésame, Tonto (Billy Wilder, 1964) y sobre todo Río Bravo (Howard Hawks, 1959), donde nos brinda una actuación imborrable. Quedará para el recuerdo la canción que canta junto a Ricky Nelson, My Rifle, my Poney an Me, evocada frecuentemente en películas y series, como en aquella genial escena de Los Soprano en la que Tony, en una noche lluviosa tras un ajuste de cuentas, entra en un establo donde sólo hay un caballo y una cabra. Seguramente, sus pensamientos irían dirigidos a su propia existencia, a las muertes que habría dejado en el camino. Y sentiría una gran soledad. Tan sólo él, con su poney y su rifle.

My Rifle, my Poney and Me, de Río Bravo.






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