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domingo, 5 de agosto de 2012

Cantantes y actores

Frank Sinatra
Bruce Willis, Russell Crowe, Jeff Bridges, Ewan McGregor... son actores consagrados que han dado el salto al mundo de la música con un éxito notable, demostrando un repertorio artístico rico y variado, que va más allá de sus cualidades interpretativas. Sin embargo, esta entrada está centrada en los que lo han hecho a la inversa, aquellos cantantes que quisieron probar, algunos con más suerte que otros, cómo son los entresijos del Séptimo Arte y si tenían las mismas tablas interpretando que con un micrófono. Sin duda, el más grande de todos, tanto por su legado musical como cinematográfico, fue Frank Sinatra, La Voz. Protagonizó musicales donde sacó a relucir el infinito dominio que tenía sobre sus cuerdas vocales, como Levando Anclas (George Sidney, 1945) o Un día en Nueva York (Gene Kelly, 1949). Pero donde verdaderamente exhibió su categoría fue en películas donde interpretaba personajes de corte más dramático. En De aquí a la Eternidad (Fred Zinneman, 1953), interpretó al soldado Angelo Maggio, un papel inolvidable y reconocido con un oscar que supo estar a la altura de sus compañeros de reparto, unos monstruos de la interpretación llamados Deborah Kerr, Burt Lancaster y Monty Clift. También protagonizó la película dirigida por Otto Preminger El Hombre del Brazo de Oro (1955), donde dio de vida de manera admirable a un exdrogadicto y excelente jugador de cartas.

Kris Kristofferson
Otro célebre cantante y actor fue Kris Kristofferson. Sus tablas como músico country están fuera de toda duda, con más de veinte discos de estudio y colaboraciones con Johnny Cash, Waylon Jennings y Barbra Streisand. Empezó su carrera cinematográfica casi a la par que la musical, publicando su primer disco en 1970 y, un año después, debutando en la película de Dennis Hopper The Last Movie (1971). Sin duda, la época dorada de Kristofferson fueron los setenta y principios de los ochenta, donde tuvo la oportunidad de trabajar con los mejores directores del momento, como Martin Scorsese (Alicia ya no vive aquí, 1974), Michael Cimino (La Puerta del Cielo, 1980) o Alan J. Pakula (Una mujer de negocios, 1981). Pero fue Sam Peckinpah quien le brindó sus mejores personajes, sobre todo el del mítico forajido Billy the Kid en Pat Garrett y Billy the Kid (1973), donde es acosado por el famoso sheriff que interpreta James Coburn.

También Elvis Presley, Ricky Nelson, David Bowie o incluso Madonna aprovecharon su popularidad para rodar películas pero, exceptuando alguna interpretación más o menos honrosa de Bowie, el resto destacaría más por sacar partido a su renombre y engordar la cuenta corriente que por sus buenas maneras antes las cámaras.

Dean Martin
Por último, no podría hablarse de esta doble faceta cantante/actor sin mencionar a Dean Martin, integrante del famoso Rat Pack junto con Sinatra, Davis Jr. y Lawford. En realidad, Martin era un todoterreno no sólo con una bellísima voz de barítono, sino que sus dotes para el humor también quedaron patentes en los skecthes que protagonizó con Jerry Lewis. Respecto a su filmografía, destacan Como un Torrente (Vincente Minnelli, 1958), Bésame, Tonto (Billy Wilder, 1964) y sobre todo Río Bravo (Howard Hawks, 1959), donde nos brinda una actuación imborrable. Quedará para el recuerdo la canción que canta junto a Ricky Nelson, My Rifle, my Poney an Me, evocada frecuentemente en películas y series, como en aquella genial escena de Los Soprano en la que Tony, en una noche lluviosa tras un ajuste de cuentas, entra en un establo donde sólo hay un caballo y una cabra. Seguramente, sus pensamientos irían dirigidos a su propia existencia, a las muertes que habría dejado en el camino. Y sentiría una gran soledad. Tan sólo él, con su poney y su rifle.

My Rifle, my Poney and Me, de Río Bravo.






lunes, 11 de octubre de 2010

El entrañable Walter Brennan

Brennan poseía esa aura o magnetismo, como quieran llamarlo, de los grandes actores. Tenía la nada desdeñable capacidad de atraer la atención del espectador, incluso por encima del mismo protagonista, bien despertando la mayor de las simpatías o el desprecio más virulento en función del personaje, destruyendo  con una facilidad sin igual la etiqueta de "actor secundario". Aunque quizás no resulte un argumento de peso, pues ya sabemos que esto de los premios es digno del mismisimo pucherazo decimonónico español, sus méritos fueron reconocidos con tres premios oscars. Fue durante mucho tiempo el actor con más galardones de la academia, hasta que el inefable Jack Nicholson le igualó, y quién sabe si un día le supere.
Pero todos estos elogios, que no iban con él, resultarían inútiles si no hablamos también de su humildad, constatada para la posteridad cuando dijo: "yo sólo sé actuar de dos maneras, con dentadura o sin ella". De hecho, se quedó sin piños en un accidente en 1932, de ahí la ventaja de no tener que pintárselos de negro.

Creo recordar que la primera película suya que ví fue Río Bravo (1959), en la que interpretaba al inolvidable tullido Stumpy y, desde entonces, apuntaba en rojo toda película en la que su nombre apareciera en el reparto, descubriendo, de esta manera, no sólo su vertiente cómica, sino sus admirables aptitudes para interpretar al despótico juez Roy Bean en El Forastero (1940) o al cabecilla de los hermanos Clanton que traía por el camino de la amargura a Henry Fonda en Pasión de los fuertes (1946).

Quizás, los que no desdeñen los westerns se habrán topado con él más de una vez, pues trabajó en y con los mejores, pero no hay que olvidar otros papeles suyos más allá del género, como el inseparable amigo de Bogart (y el whisky) de Tener y no tener (1944) o al médico de un pueblo de la América profunda en el intrigante film Conspiración de silencio (1955). Sin duda, uno de los más queridos y admirados, al menos para un servidor.

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