miércoles, 21 de marzo de 2012

Moneyball, rompiendo las reglas

El deporte vuelve a ser tema de interés en El Cine es nuestro tras algo más de un año. El fútbol desplegado por el incorregible Brian Clough da paso a un genio desconocido por estos lares pero toda una leyenda al otro lado del charco, lógico por otra parte ya que lo suyo era el béisbol, un juego poco o nada apreciado en Europa, y en mi opinión uno de los deportes más soporíferos que conozco. Mejor dejárselo a los yankees. Su deporte nacional.

Billy Beane (Brad Pitt), ex jugador y manager del Oakland Athletics, revolucionó el béisbol aplicando el análisis estadístico a la hora de fichar jugadores. Algo tan notablemente científico no fue bien encajado por el entrenador y los asesores del club, cuyo criterio era más afín a una perspectiva basada en el olfato que su veteranía les ofrecía, lo que les llevaba a pensar que lo impredecible en el deporte se escapaba de cualquier cálculo matemático y sólo podía ser contrarrestado por la experiencia, opinión que chocaba frontalmente con las nuevas ideas de Beane.

El argumento es un excelente caldo de cultivo para mostrar todos los entresijos de un club deportivo, desde el propio partido de béisbol, que es lo que el espectador conoce, hasta lo que no pero intuye por los medios de comunicación: las negociaciones, broncas en los vestuarios, lucha de egos, despido de jugadores, etc. En otros aspectos como el desarrollo de los personajes quizás no aporte lo mismo. El personaje de Brad Pitt acapara casi toda la película, y aún así parece insuficiente para explicar cuales son sus motivaciones, definir algo más el nexo que las une con ese pasado que acabó en fracaso o extenderse en la relación con su hija y su ex mujer. De esta manera, Robin Wright Penn (su ex) no deja de ser un mero complemento del personaje de Brad Pitt, sin desarrollo propio. Art Howe, el personaje de Philip Seymour Hoffman, cuya pose como entrenador barrigudo y de mal carácter no puede ser más formidable, apenas tiene cabida en un guión monopolizado por Pitt, desaprovechándose una buena parte de su potencial. Tan sólo Jonah Hill puede hacerse un hueco, interpretando al joven matemático que asesora a Pitt con su nuevo método.

Sin embargo, sus defectos no son tan grandes ni molestos como para no mantener el interés en la historia y la coherencia en la estructura narrativa, permitiendo su disfrute sin necesidad de saber nada de béisbol y ver a Pitt como pez en el agua en una película tan genuinamente americana.

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